Pero la primera imagen clara con la que me quedé fue la de Kevin McGee a hombros de una enfervorecida afición. Lo ví tocando el bombo en la mejor versión de Manolo y me hizo saltar del sofá el puntapié que le dio al balón una vez que el CAI lograba su primera Copa del Rey. No se si había visto a alguna persona de color en mi vida ya que para ver a alguno había que ir hasta Valencia. Lo cierto es que me impactó la fisionomía de aquel jugador ancho de hombros, musculado y con un rasurado que imponía respeto. En la ACB se empezaba a vivir una enfervorizada pasión por el jugador norteamericano cercano a los 2.00 metros que dominaba la zona ante españoles de mayor tamaño.
Mi primer americano en directo fue Wiley Brown, un pívot potente que tenía el entonces Choleck Llíria. Se trataba de un pívot bajo que coincidió con un jovencísimo -Quique Andreu- que dominaba la zona como nadie. Hasta 3.000 personas se daban cita en Primera B para ver las evoluciones de esta pantera de la zona. Imagen http://clubbasketlliria.com/.Era la época en la que el jugador norteamericano era prácticamente idolatrado, estando el jugador europeo en un segundo plazo salvo figuras de la talla de Dalipagic, Delibasic, Kikanovic...y pocos más. Recuerdo las portadas que generó el fichaje de Larry Spriggs, un reserva en los Lakers de Magic y Jabbar, al Real Madrid.
Pero el baloncesto fue cambiando y la diferencia entre los dos baloncestos -el americano y el europeo- se fue estrechando. Los jugadores eslovenos, serbios, croatas, lituanos...georgianos...empezaron a ser estrellas ACB y luego dieron el salto a la NBA cuando se desarmó el histórico "telón de acero". Coparon las universidades norteamericanas y algunos de ellos triunfaron en la NBA: Marciulonis, Petrovic, Divac, Sabonis, Shrempf, Smits...Nowitzki, Gasol...Y muchos de ellos han optado por volver "a casa" en busca de dólares y un reconocimiento que en muchos casos se les ha negado. Incluso uno de los jugadores llamados a liderar la NBA en los próximos años, Brandon Jennings, le ha dado una patada al sistema Stern y ha optado por la formación europea.
En esta constante vorágine de cambios -cada vez más rápidos porque la tecnología salpica a todos los ámbitos- va y desembarca en Portland un mocetón formado en Badalona y van a recibirle 200 personas. ¡¡¡La locura o el mundo al revés!!! Nadie podía imaginar que un extranjero fuera recibido en EEUU como un auténtico salvador, un mesías que reverdezca la época dorada de los Walton y Mo Lucas, primero, y Drexler, Kersey y Porter, después. Tienen a Greg Oden, Brandon Roy, Travis Outlaw, LaMarcus Aldridge, Jerryd Bayless y Martell Webster pero reciben a Rudy, Don Rodolfo, como sólo las estrellas se merecen. En la mente de todos todavía planea -y nunca mejor dicho- el mate de Fernández sobre el poderoso Dwight Howard en la final olímpica.
La exhibición del mallorquín no sólo cautivó a los aficionados sino que reblandeció el corazón de McMillan, un hueso duro para los jóvenes prospectos. Ahora todo es más fácil para Rudy. No sólo tiene el cariño de su coach sino el de toda una afición. Rudy es ahora el "americano" de los Blazers para la afición.